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El aumento del 23% del salario mínimo para 2026, fijado en $1.750.905 COP mediante Decreto 1469 del 29 de diciembre de 2025, generará un encarecimiento automático en la vivienda de interés social y prioritaria que profundiza la brecha de acceso a vivienda propia para las familias de menores ingresos, según advirtieron gremios especializados desde el inicio de esta semana.
topes se disparan entre $29 y $50 millones en un año
La indexación automática de los precios máximos de vivienda al salario mínimo es una realidad estructural del mercado inmobiliario colombiano. El Ministerio de Vivienda establece límites máximos de precio expresados en salarios mínimos mensuales legales vigentes (SMMLV), lo que significa que todo incremento salarial se traslada directamente al costo de adquisición de estas unidades.
Para 2026, la vivienda de interés prioritario (VIP) alcanzará un tope máximo de 90 SMMLV, equivalente a $157.581.450 COP, que representa un incremento automático de aproximadamente $29 millones respecto a 2025. En el caso de la vivienda de interés social (VIS), la situación es aún más severa: el tope general asciende a 135 SMMLV ($236.372.175 COP), mientras que en grandes ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, Bucaramanga y Cúcuta el tope es de 150 SMMLV ($262.635.750 COP), lo que implica incrementos próximos a $48-50 millones en un solo ejercicio fiscal.
Mario Andrés Ramírez, presidente de la Federación Colombiana de Lonjas de Propiedad Raíz (Fedelonjas), calificó estos aumentos como un fenómeno que «dificultará significativamente el acceso a vivienda para la población que depende de subsidios«. El gremio advierte que la escalada de precios no responde únicamente a un ajuste administrativo, sino que refleja presiones reales en los costos de construcción, donde la mano de obra representa un porcentaje creciente del presupuesto total.
brecha entre subsidios y precios crece $40 millones
Mientras los precios máximos permitidos suben, la capacidad financiera de las familias se queda rezagada. La Asociación Nacional de Cajas de Compensación (Asocajas) documentó que la distancia entre el subsidio gubernamental y el precio final de una vivienda VIS ha crecido de manera exponencial: en 2010, una familia con subsidio debía aportar $61,9 millones de su bolsillo; en 2026, esa misma familia requiere contribuir aproximadamente $170 millones, un incremento acumulado de $110 millones en 15 años.
Lo más preocupante es que entre 2025 y 2026 esta brecha aumentará $40 millones adicionales, mientras que la capacidad de endeudamiento de un hogar que devenga salario mínimo crece apenas $12 millones. Esta disparidad de $28 millones significa que miles de familias no podrán cerrar financieramente sus operaciones, incluso con subsidios incluidos. Para la población que gana menos de dos salarios mínimos, la realidad es más crítica aún: 85% de la oferta VIS está fuera de su alcance incluso después de aplicar todos los subsidios disponibles.
Las cifras de desistencia son crudas: entre agosto de 2022 y septiembre de 2025, un total de 206.161 hogares abandonaron sus trámites de compra, representando 577.251 personas y una inversión perdida de $60 billones (equivalente a 3.4% del PIB nacional). En paralelo, solo 4 de cada 10 hogares urbanos tienen actualmente capacidad de compra de vivienda formal, una caída dramática respecto a 2022, cuando esta proporción era de 7 de cada 10.

constructores enfrentan presión inflacionaria
Desde la perspectiva de la oferta, la situación es crítica. La Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol) ha calculado que la mano de obra pasará de representar 38% a más del 55% de los costos estructurales de una vivienda VIS o VIP. Esta recomposición presupuestal significa que el costo total de producir una vivienda en Colombia puede incrementarse entre 10% y 15% en 2026, una cifra que Camacol califica como «altísima» y con riesgo de afectar la rentabilidad de pequeñas y medianas constructoras.
El impacto diferenciado en empresas de distintos tamaños es fundamental: mientras que constructoras grandes tienen márgenes que absorben volatilidad, las empresas medianas y pequeñas enfrentan el riesgo de abandonar proyectos VIS, reduciendo aún más la oferta disponible precisamente en el segmento donde existe mayor demanda.
Cuotas de administración: golpe adicional en 2026
El encarecimiento no se limita al precio de compra. Fedelonjas alertó sobre el impacto inmediato en cuotas de administración de conjuntos residenciales. Los rubros de vigilancia, aseo y servicios complementarios —que representan entre 60% y 70% del presupuesto de copropiedades— están directamente ligados al salario mínimo. Esto obligará a las administraciones a incrementar significativamente las cuotas mensuales o reducir calidad de servicios, afectando directamente a más del 60% de las familias colombianas que viven en propiedad horizontal.
Gobierno anuncia desindexación antes del mes de enero
Reconociendo la magnitud del impacto, el Ministerio de Trabajo confirmó públicamente que expedirá un decreto de desindexación de viviendas VIS y VIP del salario mínimo, anunciado entre el 1 y 2 de enero de 2026. El ministro expresó: «Vamos a expedir un decreto de desindexación del valor de la vivienda de interés social y de la vivienda de interés prioritario, que hoy están atadas al incremento del salario mínimo, para evitar un fenómeno especulativo en un área que es muy importante para las familias de Colombia».
Sin embargo, permanece la incertidumbre sobre si esta medida será suficiente. El Gobierno indicó que se analiza junto al Ministerio de Hacienda si es viable implementarla retroactivamente para proyectos ya separados con valores de 2025, o si solo aplicaría a nuevos lanzamientos a partir del 2 de enero en adelante.
Déficit habitacional estructural sin mitigar
El contexto amplifica la crisis. Colombia mantiene un déficit habitacional del 27-31%, afectando a aproximadamente 5,1 millones de hogares. El déficit cualitativo (viviendas sin servicios adecuados) impacta a 3.98 millones de hogares (23.5%), más de tres veces superior al déficit cuantitativo de 1.26 millones (7.5%). En zonas rurales, la crisis es más profunda: 68.2% de los hogares están en déficit habitacional, versus 21% en cabeceras urbanas.
El incremento del salario mínimo, aunque pretendía mejorar poder adquisitivo, genera una paradoja perversa: el 55% de los ocupados en Colombia se encuentran en la informalidad y, por tanto, no reciben este incremento. Para ellos, el costo de vida asociado a vivienda sube automáticamente sin que su ingreso se vea beneficiado. Las familias más pobres, justamente aquellas que más dependen de subsidios de vivienda social, son las más afectadas por este mecanismo de indexación.
Subsidios ajustados para 2026 ofrecen alivio limitado
El Ministerio de Vivienda sí actualizó los montos de subsidios para 2026. Las familias que ganan hasta 2 salarios mínimos pueden acceder a un subsidio a la cuota inicial de 30 SMMLV ($52.528.500), un incremento necesario pero insuficiente para cerrar la brecha. Quienes cumplen requisitos de concurrencia de subsidios (sumando subsidio de caja de compensación + subsidio gubernamental) reciben 20 SMMLV adicionales ($35.018.100). El subsidio de arrendamiento se estableció en 60% del SMMLV ($1.050.543 mensuales), beneficiando a inquilinos que cumplen requisitos específicos.
La decisión de establecer un incremento salarial del 23% sin concertación técnica previa con el sector inmobiliario ha generado efectos inmediatos y severos en un mercado ya presionado. La profundización de la brecha entre precio y capacidad de compra marca el 2026 como un año crítico para la política pública de vivienda social en Colombia. Mientras el Ministerio de Trabajo avanza en la desindexación, cada día de demora representa nuevas separaciones malogradas y hogares que abandonan sus sueños de vivienda propia. La oferta de vivienda VIS, ya limitada, probablemente se contraerá aún más si los márgenes de rentabilidad de constructores no se recuperan con medidas complementarias. Los próximos decretos del Gobierno serán decisivos para determinar si este se convierte en un año de oportunidad o en un punto de inflexión negativo para millones de colombianos.